LA OBSERVACIÓN PREHISPÁNICA DEL CIELO.

LA OBSERVACIÓN PREHISPÁNICA DEL CIELO.

El caso de los marcadores del sitio arqueológico Xihuingo, Tepeapulco.

Carmen Lorenzo Monterrubio

El sitio arqueológico del Xihuingo está situado a 3 kms. al norte de la actual población de Tepeapulco. La palabra Xihuingo viene del náhuatl y significa “lugar del año” (de xihuitl-co), o “lugar donde se calcula o se registra el año”. La población estaba conformada básicamente por nahuas, aunque había un gran número de otomíes.

En tiempos prehispánicos, Tepeapulco fue un sitio controlado directamente por Teotihuacan, sobre todo por el interés que tenía la metrópoli en controlar la explotación de la obsidiana. Además los teotihuacanos se interesaban por su posición estratégica militar, es decir, un microvalle rodeado de cerros al noreste y un gran volcán: el Xihuingo, y con vista al suroeste del Cerro Gordo, a cuyas faldas se extiende al sur la ciudad de Teotihuacan.

Aunque existió una ocupación temprana de la zona entre los años 100 y 200 d. C., durante el periodo denominado Preclásico tardío, su momento de máxima expansión se ubica entre 600 y 700 d.C. en el periodo Clásico (200-900 d.C.). Después de que decayó Teotihuacan, Tepeapulco continuó siendo ocupado por un grupo mexica, que se estableció en el sitio y edificó nuevas construcciones al lado de las antiguas teotihuacanas.

Tepeapulco funcionó básicamente como un centro de observación astronómica, donde sabios astrónomos se dedicaban a observar y registrar el paso de los astros en el firmamento y anotar ciclos estacionales y grabarlos sobre la piedra. Es interesante que en este sitio existan varios marcadores que nos indican el conocimiento astronómico y calendárico que se tenía en ese entonces. Los marcadores son generalmente figuras circulares, aunque hay algunas ovaladas y cuadradas, con dos ejes en forma de cruz, es decir, uno horizontal y otro vertical; y a veces presentan círculos concéntricos o algunos otros elementos asociados, como muescas, puntos, espirales dobles, signos de nahui ollín y estrellas.

 

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Estas especies de “cruces punteadas” fueron analizadas por el antropólogo Matthew Wallrath, quien se dedicó por varios años al estudio de la arqueoastronomía, es decir, a la relación entre arqueología y astronomía y al registro de ciclos o periodos astronómicos en los restos materiales de antiguas culturas, en este caso petrograbados. Wallrath mostró que los marcadores del sitio Xihuingo indicaban la anotación de solsticios, equinoccios, el paso de Venus en el firmamento, las Pléyades, ciertas constelaciones como la de Escorpión, incluso el estallido de una estrella o supernova, representado por una estrella de cinco picos y en su interior dos círculos concéntricos simbolizando al sol.

Algunos petrograbados representan, además, cómputos calendáricos, por ejemplo, se dibujan 260 y 365 puntos que corresponden a los días de los calendarios ritual y civil de los pueblos mesoamericanos respectivamente, teniendo al sol como base para el sistema de medición. Otros petrograbados muestran 25 y 405 puntos, que son cuentas largas lunares. El uso de los calendarios en los pueblos mesoamericanos servía para indicar fechas de sus ceremonias religiosas y el inicio de las actividades agrícolas.

Es admirable que los antiguos astrónomos hayan alcanzado un notable avance en la observación del cielo, el estudio de los movimientos de los astros y el registro calendárico, teniendo como única herramienta sus ojos, aunque a veces se valían de unos palos cruzados que indicaban un punto fijo de observación.

La disciplina de la arqueoastronomía, además de aportar un análisis especializado del estudio de la anotación y registro de fenómenos celestes y ciclos precisos de los astros, provee una herramienta útil para el estudio sistemático de la orientación y planeación de los espacios y estructuras al interior de los centros o ciudades. Anthony Aveni demostró que los marcadores de Teotihuacan, muy semejantes a los de Tepeapulco, indican una línea de referencia este-oeste perpendicular a la Calzada de los Muertos, que sirvió de base para determinar el eje principal de la ciudad. Es posible que en el sitio de Xihuingo los marcadores hayan tenido también esta función de orientación y planeación de los espacios y los edificios.

Podemos resumir que los petrograbados de Tepeapulco tenían diversas funciones:

1) para la anotación y el registro astronómico,

2) para realizar un cómputo calendárico, y

3) para la planeación y orientación de la traza urbana.

Existen, además, otros petrograbados que indican figuras y caras humanas, estructuras, espirales dobles, cruces, lunas en forma de U, formas geométricas, entre otros.

Fuentes consultadas

Aveni, Anthony F. “Conceptos de Astronomía Posicional empleados en la Arquitectura Mesoamericana Antigua”, en: A. Aveni F. (comp.)). Astronomía en la América Antigua. Ed. Siglo XXI. México, 1980.

Lorenzo Monterrubio, Antonio, Carmen Lorenzo Monterrubio y Arturo Vergara Hernández. Catálogo del Patrimonio Cultural del Estado de Hidalgo. Región I, Tomo 2. Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo, Gobierno del Estado de Hidalgo, México, 1998.

Wallrath, Matthew y Alfonso Rangel Ruiz. “Xihuingo (Tepeapulco): Un centro de observación astronómica”, en: Johanna Broda, S. Iwaniszewski, Lucrecia Maupomé. Arqueoastronomía y Etnoastronomía en Mesoamérica. UNAM, México, 1991.

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