EL CINISMO DEL IMPERIALISMO Y SUS LACAYOS
El fín justifica los medios, dice Nicolás Maquiavelo en su libro El príncipe, y esa máxima es fielmente aplicada bajo cualquier circunstancia y en cualquier lugar del planeta por los discípulos, herederos y seguidores de este pensamiento. Tal es el caso de los hechos recientes en los que el gobierno colombiano, asesinó a uno de los máximos dirigentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP), Raúl Reyes; y en los que perdieron la vida no sólo miembros de esa organización revolucionaria, sino incluso cuatro estudiantes universitarios mexicanos que realizaban labores de investigación académica, acerca de los movimientos sociales y armados en América Latina y una de ellas aún se restablece de dicho ataque.
Sin embargo, es preciso mencionar que, bajo el pretexto de la “lucha contra el terrorismo”, los gobernantes de los Estados Unidos de Norteamérica con el apoyo y complicidad de gobiernos serviles, ha puesto en práctica lo que se conoce como “guerra preventiva” es decir, se abrogan el derecho de atacar cuando y donde consideren pertinente, demostrando el más profundo desprecio por la soberanía de los pueblos y por su libre autodeterminación y, peor aún, por la vida de seres humanos.
La histórica actitud de los gobernantes norteamericanos, no ha variado. Siempre han sido agresores en su afán de dominio y en esa obsesión por apoderarse de las riquezas del mundo han cometido cientos de invasiones a muchos países en todos los continentes. Constituyen el más claro ejemplo de terrorismo de Estado que se practica en el mundo. Son los principales delincuentes y asesinos de lesa humanidad. Esa actitud ha concitado el encono y rechazo, no sólo de quienes han sido víctimas de sus arteros y criminales ataques, sino incluso ahora de sus propios ciudadanos.
En ese sentido, el sentimiento antiestadounidense en todo el mundo, no es gratuito, se lo han ganado a partir de sus actitudes. Insisto, son muchos los ejemplos que demuestran mis afirmaciones. En todos y cada uno de los ataques e invasiones norteamericanas, han muerto y siguen muriendo miles de ciudadanos inocentes, hombres mujeres y niños de todas las edades, cuyas vidas, en cada caso han sido “justificados” de manera cínica, con el “argumento” de la “defensa de su seguridad” e intereses. Cada invasión, cada ataque a cualquier pueblo, cada actitud intervensionista, cada vez que los norteamericanos cometen asesinatos y genocidios son, según ellos, en nombre de la “democracia” y la “libertad”. Eso es cinismo. Claro que todas sus armas son bendecidas también y hasta son calificadas de “inteligentes”.
La violencia engendra violencia y el gobierno norteamericano se ha distinguido por impulsar una economía de guerra, a cuya mercancía abren mercados, impulsando conflictos internos en diversos países o invadiendo directamente a pueblos indefensos, como fue el caso de Granada, pequeño país caribeño, que cuando fue atacado por los marines norteamericanos en 1982, contaba con un ejército de apenas 800 soldados. Se podría enlistar la enorme cantidad de invasiones, agresiones y conflictos generados por los gobernantes norteamericanos y nos llevaríamos mucho papel y tinta.
En suma, diré que, la política terrorista y de violencia de los gobernantes de aquél país, no sólo ha causado estragos en el mundo, sino que incluso ha traído como consecuencia, el que su propia población vea la violencia como algo natural y sus jóvenes generaciones se vean afectadas por esta subcultura, al grado de asesinarse entre sí, lo cual es cada vez más frecuente en las escuelas de ese país.
El terrorismo en cualquiera de sus formas debe ser condenado de manera enérgica. Nadie en su sano juicio puede aplaudir la muerte de miles de inocentes, pero también es claro que nadie puede justificar, el que, a pretexto de una guerra preventiva, se agreda y asesine. Tal es el caso de la actitud del gobierno de Colombia, que, a pretexto de que los miembros de las FARC, son “terroristas” asesinó a decenas de personas en territorio ecuatoriano. La mano del imperialismo norteamericano es visible en este hecho. Las leyes colombianas no pueden ser aplicadas en ningún territorio ajeno. Pero lo peor es que, en un caso de cinismo inaudito, el gobierno de Álvaro Uribe está solicitando su “derecho” para “interrogar” a la estudiante mexicana sobreviviente y afirma que todos aquellos que tengan relaciones con las FARC ¡son considerados objetivos de guerra!,
¡Vaya caso de desquiciados!
El otro caso es la actitud del gobierno mexicano, que cuando se trata de que protesten por el trato que reciben nuestros compatriotas indocumentados no dice una sola palabra, y en este caso del asesinato de los cuatro jóvenes mexicanos, tampoco ha dicho absolutamente nada, seguramente por que temen que George Bush los considere “aliados” de los “terroristas”, sin embargo ¿Quién les dice algo a ellos por tener de amigote a José María Aznar, heredero directo del franquismo español? No cabe duda cada quien elige a sus amistades, lo cierto es que el cinismo del imperialismo y sus lacayos no tiene límites y por lo visto tampoco respeta fronteras